FUEGO EN LA PAREJA E INTELIGENCIA ERÓTICA por María Silvia Dameno

Cualquiera que haya alguna vez prendido un fuego, sabe que el momento mágico de encenderlo solo sucede al inicio. Sin embargo, si se conocen las técnicas, el calor del fuego puede mantenerse. Dice Jacinto Benavente “el amor es como el fuego, ven humo los que están fuera y llamas los que están dentro”. Una consulta que recibo seguido es después de un tiempo juntos como se mantiene esa llama en la pareja?
La física nos enseña que el fuego es un proceso de oxidación y evaporación que requiere tres elementos (triangulo del fuego) y la química habla de un cuarto elemento que le da dimensión (tetraedro del fuego)
El primer elemento es la temperatura, es decir en términos de la pareja, que exista esa chispa que me atrae, lo que muchos llamar tener piel o tener química. Pero en los seres humanos, la pura atracción biológica instintiva no alcanza para sostener el deseo, este es mucho más focalizado y se enfoca en una persona específica. Solo así se intensifica: nadie mataría a otro o se mataría porque el otro no quiere acostarse con él, sin embargo los crímenes pasionales y los suicidios por desamor están, lamentablemente a la orden del día. Los psicólogos no tenemos una respuesta clara para la dirección de esta focalización, a lo más que llegamos, es a saber que esta persona coincide con mi “mapa de amor interno”. Este mapa se configura a partir de una serie de rasgos no del todo conscientes con los que hemos crecido y que, por atracción o por rechazo, conformaran el modelo de la persona que elegimos. Ese modelo se modifica con los aprendizajes y se irá reconfigurando a lo largo de la vida y las distintas parejas que tengamos. Al igual que el mapa en papel de un territorio que recorremos, suele tener correcciones, detalles y lugares remarcados que modifican el original y es el que nos orienta en la búsqueda no consciente de quienes nos atraen en general. Subjetivamente, él porqué nos enamoramos de alguien en especial, tiene explicaciones que no explican. Podemos describir rasgos de esa persona que nos gustan: su bondad, su inteligencia, etc. pero no nos sucede lo mismo con otras personas que comparten esos rasgos. “Enamorarse implica sobreestimar las diferencias entre una mujer y otra” dice Bernard Shaw.
Aunque falta una explicación causal acabada de porqué alguien resulta elegido, se supone que el sentido de esa focalización casi obsesiva del enamoramiento, tiene un propósito darwiniano: armar un equipo lo suficientemente cohesionado como para llevar adelante la crianza de crías que nacen indefensas, con pocos recursos de autonomía y son dependientes por muchos años.

El segundo elemento es el comburente, aquello que permite el proceso de oxidación. Aunque hay comburentes atípicos, habitualmente lo que permite la oxidación es el oxigeno. Esto en términos de pareja significa que para que haya deseo debe haber aire, espacio propio. El “pegoteo” no permite el deseo. Para desear algo tenemos que experimentar cierta falta, no se desea lo que se tiene, sino lo que no tenemos. Ester Perel, una famosa sexóloga belga, encuestó cientos de personas de diferentes culturas con la pregunta “cuando te resulta más deseable tu pareja?”. Las respuestas de subculturas diferentes se repitieron significativamente: “cuando se va/la extraño” (aire), “cuando la veo haciendo algo en lo que brilla” (cuando veo que puede desarrollarse sin mí), “cuando descubro un aspecto que no le conocía” (misterio). Necesitamos el aire para que el otro vuelva a ser novedad de algún modo, el cerebro erótico se alimenta de novedades, no de rutinas. Y no solo de novedades del otro sino de novedades propias, no solo que hace o deja de hacer el otro es la pregunta. Cabe aquí una autocritica o reflexión sobre qué aspectos nuestros estamos dispuestos a poner en juego en la relación. Suma jugar roles diferentes de los habituales, aspectos infantiles, lúdicos, traviesos, soltar el control, desfachatez, etc. si esto no es lo que hago en mi día a día, para aumentar el fuego que aporto a la pareja.


El tercer elemento del triangulo de fuego es el combustible. Ese combustible es la comunicación, lo que no implica solo hablar. Muchas parejas que consultan por ausencia de deseo, tienen un estilo comunicacional que se reduce a lo instrumental. Se comunican información del día a día, pero no comunican sentimientos, no se ríen juntos y carecen de complicidad. Tampoco se comunican con caricias y besos (“el lenguaje es una piel, yo froto mi lenguaje contra el otro y tiemblo de deseo “dice Roland Barthres). Si exploramos su cotidianeidad, estas parejas se besan como saludo, se hablan como socios, se tocan como conocidos y hasta duermen como compañeros de cuarto (incluso muchas veces se acuestan a destiempo) pero no se comunican como pareja. Son en el mejor de los casos, eficientes en las tareas compartidas, pero falta seducción, juego, halago y pasarlo bien juntos. El erotismo no se construye unos minutos antes del coito, sino apenas termina este y estas parejas dejaron de poner combustible al erotismo hace tiempo. Si queremos sostener una pareja, ocupémonos de mantener ese fuego vital encendido a diario “El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga” nos recuerda Giovanni Papini


Los elementos del triangulo son importantes, porque sacando cualquiera de ellos, el fuego se apaga. Todos sabemos que la manera más frecuente de apagar un fuego grande es dejar de alimentarlo (cortafuegos) pero también podemos perder la chispa o descuidar el oxigeno entre nosotros.
La química agrega una dimensión tridimensional y habla del tetraedro del fuego. Este cuarto elemento es la reacción en cadena. El fuego no solo requiere de calor para iniciarse, sino que además debe generar suficiente temperatura para vaporizar el combustible, de algún modo el fuego llama a más fuego. Esto traducido a la pareja implica que cuando se deja de tener sexo disminuyen las ganas de practicarlo y pasado el tiempo se extingue. Esta suerte de anorexia sexual es compleja de tratar y revertir. Este es el elemento esencial para no perder la chispa o temperatura antes mencionada.


Las personas que llegan a mi consulta no suelen desear más sexo sino mejor, entendiendo por mejor aquel donde se sienten más vivos, mas energizados. Esto está más ligado al erotismo que a la sexualidad como función física de perpetuación de la especie. El erotismo es una característica exclusiva de la especie humana. “El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre… Está relacionado con la más alta forma de espíritu” dice Jung. El erotismo solo se da, cuando al instinto le sumamos la imaginación. Solo la imaginación nos permite abrir esa caja de sorpresas que somos y que es el otro. Recordemos que lo afrodisiaco no siempre es políticamente correcto y habita en la novedad. Lo novedoso no implica otras personas necesariamente, sino principalmente algo nuevo de nosotros mismos y de aquella persona con la que, a lo mejor, tenemos muchos años de recorrido. Marcel Proust nos recuerda que “la responsabilidad de sostener el amor es de la imaginación, no de la otra persona”.


La capacidad de imaginar es ilimitada y expresa nuestros deseos más profundos, nos permite encontrar otro punto de vista y otra perspectiva novedosa. Nos da ánimo, motivación y valor para sostener y concretar nuestros deseos. Si queremos que la pasión dure, inspirémonos en el ecologista John Muir “El poder de la imaginación nos hace infinitos”.

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