Arcano

La muerte. Arcano XIII: Sin nombre.

Cuando una puerta se cierra, otra se abre.

Irene Poza

Mientras no mueras y resucites de nuevo, eres un desconocido para la oscura tierra.

Goethe

Ilustración: Fernando Cebada

En todos los rincones de la Tierra y desde el comienzo de la humanidad, el ser humano busca respuestas por distintos caminos a preguntas de índole existencial, es así como las diversas incógnitas que surgen tras la palabra muerte son perseguidas a través de diferentes senderos, con el objetivo de mitigar los aspectos más oscuros que encierra esta idea. El ser humano en su preocupación por conocer más ha preguntado al firmamento estrellado, a los posos del café, al péndulo, al sacerdote, al terapeuta, etc. Y es aquí donde quiero recoger que también ha echado mano del uso del tarot, siempre con la intención de descubrir más. En el fondo en este artículo no está vinculado el tarot desde sus aspectos adivinatorios. Es mi deseo traer al lector la baraja del tarot y más concretamente la figura del arcano que simboliza la muerte desde su conexión con la psicología y, en especial, desde su conexión con la Gestalt. Fue el médico suizo Carl Jung, mediante su teoría de arquetipos, quien encontró que el tarot alberga una colección de símbolos de especial interés en sus estudios analíticos. La baraja se compone de unas determinadas imágenes con las que la persona interactúa para hallar una información que a priori creemos no conocer; pero, en realidad, como ya sabemos desde nuestra experiencia como profesionales de la psicoterapia, cada respuesta se encuentra en nuestro interior y, en ocasiones, como es en el caso de los extravagantes dibujos que se ilustran en la baraja puede actuar como metodología; con la cual, la persona puede proyectar sus condiciones del presente, sus vivencias del pasado y su predisposición hacia el futuro. 

El mazo de una baraja está compuesto por 78 cartas; de estas, 22 reciben el nombre de Arcanos Mayores y son los arquetipos en los que Jung reflejaba su guía simbólica para conocer aspectos inconscientes. En sí mismo podemos observar que terapéuticamente los 22 arcanos describen un camino de búsqueda interna reflejando momentos en los que todas las personas nos podremos sentir reflejados, incluso me atrevería a decir que también observadas con detenimiento podemos encontrar ilustrados cada rasgo de la personalidad en el Eneagrama. 

El primer arcano recibe el nombre de El Loco, imaginemos al ser humano en su inicio de vida, en el que aún mantiene la inocencia ante las situaciones que más adelante ira modelando su carácter. El Ermitaño señalando momentos de soledad y recogimiento interno, un recorrido que acaba con la carta que recibe por nombre El Mundo, representando la consecución de los objetivos, el final de un viaje, etc. 

Pero justo en este artículo quiero que nos detengamos en el Arcano número XIII, que si bien, como su posición indica no se encuentra al final, ya que no es un final de la vida física. Esta ilustración se encuentra en mitad de ese viaje representado en bellas láminas. ¿Es que acaso no atravesamos a lo largo de la vida miles de pérdidas y finales? El final de la etapa universitaria, el final de la primera relación de amor, el final de vivir en una ciudad todas estas son situaciones en las que tenemos que despedirnos de una etapa que llegó a su fin, siendo necesaria la muerte en lo simbólico de esta circunstancia para dar espacio y paso a lo que nos espera de nuevo. 

Tratando de encontrar una idea para enfocar este tema, en mi mente apareció el arquetipo del tarot número XIII: La Muerte y confiando en las señales y en los símbolos que pasan desapercibidos para multitud de personas; nosotros, como gestaltista, en cambio, los utilizamos como fuertes talismanes de transformación. Le di vueltas a la idea y finalmente sentí que me interesaba como para no rechazarla. Es de esta manera que acepté el desafío de poner esa imagen ante mí y transmitir en estas líneas el saber que terapéuticamente nos pueda, de manera creativa, ser útil para expresarnos en la terapia. 

Rememorando al Arcano número XIII, si bien se denomina el Arcano Sin nombre, su representación de un esqueleto es una información que en el inconsciente colectivos tenemos almacenada como La Muerte. En otras palabras, y siguiendo a Jung, interpretar cada imagen, en este caso, el Arcano que nos ocupa y de la misma manera que podemos hacerlo con el resto o con una imagen que ni si quiera pertenezca a la baraja, supone un intento por conocer más a uno mismo (Nichols, 1989).

Pienso que la muerte simbolizada por el Arcano y la Gestalt coincide en más aspectos de los que en una primera mirada alcanzamos a ver, ambas guardan una estrecha relación con su correspondencia. Con tono de contar historias comenzaría: Érase una vez, un mundo no muy lejano que llamaremos Gestalt. Puede que hayas oído hablar de él, a unas personas les causa verdadera curiosidad saber qué se hace en ese círculo y, otros, sin tener conocimientos arremeten despropósitos sobre ellos por el temor que a los humanos nos produce lo desconocido. Es habitual que las personas que transitan su autoconocimiento a través de esta vía, descubran que la insatisfacción y el sufrimiento que padecen en su vida pueden tener un fin, y no precisamente con el fin de su vida adquirirán el conocimiento y las habilidades necesarias para dar muerte al malestar y experimentar la libertad y el descanso que llega tras de ello. 

Seguro que sobre la muerte has pensado o conversado bastante, puesto que miles de publicaciones hablan de ella y no por casualidad, sino por el impacto a trasladarnos a un plano desconocido o inexistente. El inquietante naipe de la baraja del tarot que representa La Muerte, una figura arquetípica con una guadaña sobre un esqueleto humano, ante la cual todos nos sentimos desamparados. Como gestaltistas somos conocedores de que cuando la lógica y lo intelectual se muestran insuficientes para que la persona entienda aquello que le sucede, se sugiere otro camino. El terapeuta experimentado seguirá el camino de la intuición, que por su naturaleza se resiste a ser definida con pulcra precisión, siendo más fácil nombrar lo que no es que afirmar lo que es. Nos encanta encontrar la verdad que la persona necesita en el momento presente, si bien supone una metáfora de elegir una carta y dejar libremente sentir a dónde nos trasporta esa evocación. Cada símbolo tiene un significado particular para la persona en su contexto y sus vivencias. Continuamente en terapia tratamos de que la persona signifique lo que experimenta y dé un paso sanador resignificándolo en pos de la positividad y evolución personal. En palabras de Ouspensky, conocedor del Cuarto Camino, “un símbolo solo puede estimular nuestra intuición y proponer cosas nuevas si no se lo ‘fija’”. O como menciona Jung: “un símbolo (está) vivo, si (…) es la mejor y más alta expresión de algo que ya puede sentirse, pero aún no puede conocerse”. 

En esta ocasión, utilizo como elemento la carta que nos ocupa, extraída del llamado tarot de Marsella. Es un ejemplo de lo que puede ser una herramienta terapéutica en el uso de las sesiones. Es frecuente que las persona que visitan una consulta en busca de respuestas, a menudo encuentren dificultad en expresar y poner palabras a aquellos sentimientos por los que son invadidos. Partir de cualquier representación puede ser una posibilidad desde la creatividad, para evocar en la persona aquello en lo que quedó atrapada y necesita ser liberada. 

Foto del Arcano XIII en la baraja de Marsella

Manteniendo frente a mí la ilustración del Arcano de La Muerte, comparto con vosotros las ideas que transcurren por mi mente, que supongo que en parte provienen de mis lecturas previas para la elaboración de este artículo, de mis vivencias propias y del juego que provoca la creatividad. “Frente a mí un esqueleto, que si bien en ocasiones he podido verlo de primera mano al desenterrar a familiares propios, en esta estampación los huesos representados son de color carne, por lo que pese a los huesos y el evidente movimiento en acción de la figura, no me conecta con la muerte física. Mis ojos clavan la mirada en las costillas que, unas tras otra se disponen y me conecta con la idea de las rejas de una cárcel. Pensando en esos momentos en los cuales las personas en la terapia pueden hallarse encarceladas en sus vidas, y sabemos que una persona en esa situación puede enterarse de todo lo que necesita para huir o bien para permanecer allí interiormente libre. Sé que esa imagen, que esa persona lleva consigo todo lo que necesita conocer, para que esa puerta en la cárcel simbolizada ―en este caso para mí― por sus costillas, pueda ser abierta dando paso a su libertad, tal vez como en ese movimiento en el que al tomar aire y expandirse la caja torácica, sentimos que seguimos estando vivos. Es por tanto en este momento para mí, una llamada a la certeza de que al morir el sufrimiento interno da paso a una renovada vida, y así todo es uno en una misma polaridad en la que en un extremo se encuentra el nacimiento y en el otro la muerte. 

En la Gestalt tiene lugar como particularidad, que los significados no son interpretaciones cerradas, las líneas anteriores son fruto de mi vivencia particular, en mi momento actual. Contemplar la diversidad de significados ante una misma imagen, en este caso, significa abrirse a la fascinante diversidad con la que el ser humano puede expresarse de diferente modo ante la misma situación.

Y como la muerte nos llega a todos, a los jóvenes, a los ancianos, a los apegados a lo material, a los entregados a la espiritualidad, sin considerar el momento personal ni los méritos obtenidos, te animo a que entregues a la tierra o al fuego, como en cualquier ceremonia fúnebre, los despojos de todo aquello que ya no te vale, agradeciendo el uso que de ellos tuviste y celebro contigo la oportunidad que el autoconocimiento ―en mi caso , me llegó desde la Gestalt― de este camino o  de cualquier otro nos abra a la conciencia de vivir una vida con sentido.

¡Chin, chin, porque la muerte nos alcance con la sabiduría y experiencias de sentir que como buenos caminantes llegamos al final del sendero!

Bibliografía

Nichols, S. (1989). Jung y el tarot: un viaje arquetípico. Editorial Kairós.

Licenciada en psicología por la Universidad de Jaén. Máster en psicología clínica por ACCEP. Máster Mujeres y Salud por la Universidad Complutense. Experta en antropología del psicoanálisis por la Universidad de Salamanca. Especialista en clínica y psicoterapia psicoanalítica, con Hugo Bleichmar, por la Universidad de Comillas. Doctoranda en temática Gestalt bajo la dirección de José Mª Calés. Miembro Titular de la AETG. Módulo Salud y Enfermedad con Adriana Schnake en Chile. Formación en Sistémica en Psicogestalt en Madrid.  Directora del Instituto Psicoterapia Reencuentro en Jaén. Directora Habitando el Vacío, en UniRadioJaén, editora de Eleven Magazine.

 

 

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