D-ESPACIO

Por Soledad Maldonado

La Terapia Gestalt es la terapia del contacto, co-creamos una relación en un espacio y en un tiempo. Cuando hablamos del espacio terapéutico podemos hacerlo desde el punto de vista del paciente, del terapeuta o desde la teoría de campo, la cual contempla la situación global.

El pionero en nombrar la teoría de campo fue Kurt Lewin (1890-1947). Posteriormente, Malcolm Parlett (2005), nos hace ver las implicaciones de esta en la terapia Gestalt, y Carmen Vázquez (2010), nos expone que el campo es dinámico, se explora lo que hay en ese aquí y ahora y engloba tanto al paciente como al terapeuta, proporcionando un marco de comunicación en el que todo se construye según las condiciones del campo y el interés de la persona que lo percibe fenomenológicamente según la situación.

Ningún campo se puede definir sin tiempo, espacio y darse cuenta (Yontef, 2003). Y si matizamos un poco más, Wollant (2012), nos dice que la palabra “campo” está más contaminada y él utiliza la palabra “situación”, ya que comprende todo el proceso que se da entre un organismo y su entorno, entendiendo entorno como personas, cosas y espacio físico, es decir, todo lo que rodea ese encuentro estaría incluido en este concepto.

Ese espacio nos dice mucho del terapeuta, nos habla de sus gustos, de lo que le hace sentir cómodo, seguro, de los pequeños detalles, de cómo se cuida y de qué se rodea. Si tiene en cuenta que sea un lugar íntimo, sin ruidos, con una temperatura e iluminación agradable, unos sillones cómodos donde sentarse, un lugar limpio, con buen olor. En resumen, un espacio que sea acogedor. Si tiene todo eso, podrá ofrecerlo. No podemos dar lo que no tenemos.
Cuando una persona llega a terapia suele estar en un momento difícil, en el que se siente vulnerable, puede ser que mientras se encuentre así no vea nada de lo que le rodea. Lo que le transmitirá su terapeuta será esa sensación de que está en un sitio seguro, donde será cuidado, donde no le interrumpirán, donde se respetará su intimidad intentando que no coincida con otros pacientes, donde el terapeuta lo acompañará y no estará más fuera que dentro, preocupándose por si se hace ruido, si tiene que hablar fuerte o dar un grito o si se mancha la pared si es un niño o una niña. Un lugar donde el móvil no interrumpirá, demostrando que ese encuentro y esa persona en esa hora son lo más importante.

Y así, poco a poco, al mejorar irá mirando hacia fuera y reconociendo ese espacio. En esos detalles de cuidado, de preparar la sala o despacho antes de que llegue, poner agua, pañuelos, una vela, sándalo… según las preferencias personales, se dará un ambiente acogedor en el que se desarrollará la terapia, creándose el vínculo terapéutico necesario para poder profundizar más y avanzar hasta que esa persona se autoapoye y, con las nuevas herramientas adquiridas, no nos necesite.

Y sabrá, que si otra vez en su vida se encuentra en una situación difícil o simplemente quiere trabajarse algo, cuenta con ese entorno, en el que estamos incluidos; ella, yo y ese espacio físico seguro y cuidado.

Ilustración: Maldomado

 

 

 

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